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Anteriormente mencioné que en el amor de pareja siempre existe una “condición”: este amor se da y se mantiene mientras haya un compromiso mutuo, respeto y cuidado. Cuando los valores fundamentales se ven comprometidos por nuestro actuar, salvo excepciones, deberíamos aprovechar la oportunidad para crecer y mejorar en uno mismo, con el fin de merecer lo mejor de la relación.

Amor en pareja es, sobre todo, una elección diaria. No es obligación, es voluntad. Es tener conciencia de cuidar y fortalecer el vínculo día tras día. Esa conciencia es precisamente lo que le da verdadero valor: amar porque se elige amar, y no por costumbre, comodidad o compromiso adquirido por defecto. Estar en una relación por elección es construir juntos, día a día, un proyecto de vida con planes a corto, mediano y largo plazo, donde cada esfuerzo, aunque no siempre fácil, se siente natural, como si el trabajo y la dedicación no pesaran porque lo haces con amor y complicidad.

Por eso, elegir a quien será tu compañía de por vida es una de las decisiones más importantes que puedes tomar. Esta elección impacta profundamente en todas las áreas de tu vida, y muchas veces incluso condiciona el éxito y la armonía en otros aspectos.

Tener la claridad de que somos amados por voluntad y no por obligación nos permite no dar por sentado el amor, sino construirlo, cultivarlo y demostrarlo en cada acto diario, en cada gesto y detalle, de manera que la otra persona realmente se sienta amada.

Te deseo la mejor de las suertes al tomar esta decisión, porque no es algo que deba tomarse a la ligera. Y, sin presumir, puedo decir que he tenido toda la suerte del mundo en este aspecto de mi vida.

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